Category: Historias, cuentos y leyendas

Cerca de los Berros hay un callejón que los xalapeños llaman de La Calavera. Alli vivía un matrimonio que se llevaba muy mal por el alcoholismo del marido. Una noche, éste llegó como siempre borracho su casa, donde lo esperaba enfurecida su mujer por ciertos rumores sobre su infidelidad. Cuando el esposo le pidió de cenar,, ella lo atendió de mala gana y le dijo que mejor se fuera a dormir; incluso, salió a comprarle una botella de licor para que el hombre bebierá más y se durmiera prronto. Al dar los primeros ronquidos, loca de celos, la mujer se fue al patio a buscar un hacha, regresando con la obsesión de cortarle la cabeza; efectivamente así lo hizo, quedando las cobijas tintas en sangre. Pensó: - “Ya pasaste de tus ’sueñitos al sueño eterno”.
Con frialdad, envolvió la cabeza en una manta y la puso en un tenate con cal; después metió el canasto debajo de la cama, enterrando el cuerpo en medio de la pieza.
Como los vecinos no veían a la pareja, avisaron a al propietario del patio que nadie salía del cuarto. Por lo tanto, dieron cuenta a la policía, quien después de una minuciosa revisión, encontró el tenate con el cráneo y el cuerpo sepultado pero ya en estado de descomposición. Este crimen motivó para que se conociera la calzada como Callejón de la Calavera.

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Este legendario callejón tiene un nombre que evoca un suceso de la época en que Xalapa era Villa. Había llegado una familia de España con una joven de diescisiete años. Se trataba de una bella muchacha, que se puso de novia con un estudiante xalapeño. El prometido, un año mayor que ella, tenía permiso de los padres para visitarla formalmente. Cada noche, el joven iba a verla, y hasta ya muy tarde, la amorosa conversación de la pareja se prolongaba. Un día nublosos y de chipichipi, pasó junto a la ventana de la casa un sujeto borracho, que estaba resentido por la muerte de su esposa, y al ver la dicha de los enamorados, tuvo ganas de matar. La pareja platicaba de sus proyectos de matrimonio, a través del enrejado. El joven que estaba apoyado en los barrotes, no vio al borracho acercarse y sacar de entre sus pantalones una navaja, con la que le produjo numerosas heridas mortales sobre la espalda.La prometida, aterrorizada, sólo pudo exclamar: “¡Que Jesús te ampare!”. Es por eso que a esa calle le denominaron “Callejón de Jesús te Ampare”

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Desde antes que ocurriera el fundamental suceso histórico para nuestra patria, la calle Revolución era conocida como De la Amargura. El nombre se debe a un relato acerca de que ahí vivía una enamorada joven, cuyo novio correspondía a los amorosos sentimientos. Los parientes de los antiguos vecinos recuerdo hoy que en sus encuentros, la pareja permanecía tomada de la mano, mirándose a los ojos y prometiéndose eterna compañía.
Por las mañanas, el muchacho acostumbraba saludar a su prometida primero y después se iba a su trabajo. Mientras tanto, ella se quedaba en su casa, ayudando a su madre en los quehaceres domésticos y preparándose para el matrimonio. En la tarde, él regresaba a visitarla; así, pasaron el noviazgo felices y tranquilos durante muchos meses.
Una mañana, el joven llegó muy angustiado a la casa de su novia y le comunicó que tenia que incorporarse a las filas de la Revolución jurándole volver lo más pronto, para casarse. Pero el enamorado nunca retornó. El tiempo pasó y la muchacha perdió las esperanzas de verlo otra vez.

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En el río de Coapexpan, hace mucho, acostumbraba una viejita lavar su ropa. Cierto día, al regresar de tender parte de lo que había lavado, notó que el resto de sus prendas dejadas sobre una roca desapareció. Confundida, la buscó por algún tiempo, en los potreros y entre las matas, pero sin ningún éxito. Volvió triste y cansada a su casa, y se recostó un rato a reposar de las caminatas y búsquedas que tuvo que hacer todo el día. Más tarde, siguiendo preocupada, regresó como a las diez de la noche, convencida de que debía encontrar su ropa. Llevaba un candil con el que apenas se alumbraba a causa de que el viento quería apagarle la flama. Efectivamente, pudo descubrir el lugar donde había estado lavando por la mañana, y se fijó en el sitio en el que dejó su batea. En ese momento escuchó una voz que le preguntaba:

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Este callejón de características estéticas muy especiales, típico, silencioso y armoniosamente bello, debe su nombre a una leyenda originada durante la colonia, la que cuenta que en la calle vivía un matrimonio español con una hija muy bella, quien era novia de un comerciante joven de nombre Cosme de Taboada. Una noche de niebla típica de esta región, estaban los novios despidiéndose por la ventana, cuando pasó un ebrio que sin más saco un puñal con el que hirió al desprevenido joven; ella, al ver herido al dueño de su amor gritó “Cosme, Jesús te Ampare”. En ese entonces la gente lo llamaba “Callejón de la muchacha de Jesús te Ampare”, quedando reducido al paso del tiempo como “Callejón de Jesús te Ampare”.

La calle Frnacisico González Bocanegra, hace algunos años, era el Río Carneros. Su cauce desemboca en una extendida poza alimentada también por un manantial. El conjunto acuático permitía que se organizaran viajes en lanchas y regatas. En la actualidad, lo que se conoce como Los Lagos de El Dique, es una amplia zona donde se encuantran parte de Las Lomas de El Estadio, cerca de las intalaciones de la Universidad Veracruzana, paseos y parques infantiles, un tradicional barrio con habitantes recelosos de su territorio y, sobre todo, un verde espacio rodeando a dos estanques que le dieron fama a ese lugar. El primer lago, conocido como el lago de El Dique, fue construido desde el puente Atletas, por donde pasaba el Camino Viejo a Coatepec, hasta el Atenas. Donde hoy se levanta la Casa de Artesanías, se hallaban las tenerías de Xalapa, y un poco más allá, una de las tres prósperas fábricas de hilados y tejidos, La Industria Xalapeña. Este lago expandía sus aguas entre cartuchales y carrizos, en los que anidaban zopilotes atraídos por los desperdicios de las curtidurías. El segundo lago, hecho durante el gobierno de Rafael Murillo Vidal, se propaga desde el puente Atenas hacia Los Campos Juárez. Ambos completan la belleza de una de las atracciones más importantes de Xalapa, ya sea en luminosas mañanas o en atardeceres con neblina.

El lugar en donde se extiende la ciudad de Xalapa, pertenecen al cerro volcánico, que la gente denomina Macuiltépetl o Macuiltépec. Del náhuatl al español, su nombre se traduce como quinto o cinco cerro(s), ya que el camino montañoso desde la antigua Tenochtitlan hasta la costa, atravesaba cinco niveles de observación para la estrategia militar y el conocimiento astronómico: el Popócatepetl, el Iztaccíhuatl, el Citlaltépetl (o Pico de Orizaba), el Naucampatépetl (o Cofre de Perote), y nuestro Macuiltépet. Fue símbolo escencial en la mitología de los pueblos prehispánicos, puesto que se consideraba como una de las importantes moradas de los dioses en la tierra. Protegido por Macuilxóchitl, el señor o amo de las flores, el lugar era considerado por los aborígenes como un espacio sagrado, donde el colorido, la diversidad de las plantas, la exuberancia y su visión de jardín colgante, hacían una feliz estancia a las deidades.

Desde los tiempos de la colonia y hasta nuestros días, existe en Xalapa un callejón estrecho y largo como serpiente. Tan angosto, que casi se tocan sus costados. Todos lo llaman el Callejón del Diamante.

Cuenta la leyenda que en una de sus casonas vivía un matrimonio: ella, una criolla hermosa, esbelta, blanca, garbosa y joven, de cabellera como el azabache, labios rojos y mejillas sonrosadas. Sobresalían dos esmeraldas entre las largas pestañas y unas cejas gruesas y pobladas, pues en la época de Xalapa de la Feria, aún no se depilaban las jóvenes. Moralmente era un modelo de virtud y ejemplo de esposa enamorada de su marido. Éste era un caballero español, físicamente bien formado, que amaba a su dulce compañera con toda el alma. A esto hay que agregar que gozaban de una desahogada posición económica.

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